6 feb 2026

Después de su partida

02 de Junio de 2007, Sábado

Ya es fin de semana, Estef me envió un mensaje al medio día diciéndome que ya salieron al viaje de estudio. Como le prometí, no tomé ninguna clase extra en los recesos y pasé una semana tranquila con ellas y mis amigos. Pues sí, no negaré que me faltaba relajarme un rato con todos. 

Recuerdo que el lunes me había dado una ligera ansiedad por querer ir a la clase. No sé, sentí que perdía un poco de tiempo para todo lo que necesitaba saber antes de noviembre, el mes de los exámenes de ingreso a la universidad. Sin embargo, ese primer día Estef logró hacerme entender que no era tiempo perdido, sino todo lo contrario. Me da risa pensar que, por un momento, me estaba molestando por quedarme con ella, qué tontería. Ella notó mi cara de preocupación mientras estábamos con todos nuestros amigos conversando, me tomó de la mano y con una voz risueña les dijo a todos que me secuestraba por todo el receso. Fernando y Ramiro bromearon tirando cada uno de mis brazos, rogándole a Estef que no llevara con ella. Bueno, ya en la azotea, como ya era costumbre, nos sentamos apoyados en la pared, muy contenta y relajada me preguntó qué me pasaba. Le contesté lo que había pensado, me dio una de esas miradas que siempre nos hacen sentir mal cuando decimos las cosas más estúpidas sin pensar en los demás y me preguntó con ligera indignación y tristeza: "¿Es una pérdida de tiempo estar conmigo...?" - Al cruzar miradas, me traté de excusar y negar que me refería a ella, pero sentí cómo la había cagado a lo grande y me disculpé de todo corazón mientras le tomaba la mano.

La vergüenza no me dejó levantar la cabeza para mirarla. Comenzó a frotarme suavemente el cabello y me dijo más aliviada: "Está bien, está bien, ya lo entendiste. No está bien pensar que pasar tiempo con la gente que quieres es perder el tiempo. Mira, ¿acaso es una perdida de tiempo hacer esto?" - Pegó más su cuerpo al mío y recostó su cabeza en mi hombro; me hizo sentir mejor y le contesté que no era una pérdida de tiempo. Me besó y me preguntó lo mismo; le contesté con más energía que no era una pérdida de tiempo y la abracé muy fuerte. Así estuvimos todo el receso hasta que reanudaron las clases. El martes mientras salía, el profesor Alonso (el de las clases extras) entraba al aula y me preguntó qué había pasado ayer; me puso un poco inquieto y nervioso, pues pensé que me atrasaría. No obstante, le comenté que quería descansar un poco, puesto que también tenía clases en la academia. El profesor no tenía inconveniente, pero me contó que mi tutor (el papá de Estef y Teresa) quería exigirme un poco más para poder entrar a la universidad que le había comentado. Por ese motivo, me explicó que iba a guardar las tareas y la teoría de los temas a los cuales no asistiría esta semana. Le agradecí y le pedí que no sea malo la otra semana conmigo. Él se rió y puso cara de "no es mi culpa, eso me pidieron".

Para el miércoles ya estaba un poco más relajado y confiado. Sentí que había pasado varios días con Estef y con mis amigos como en los viejos tiempos, incluso habíamos almorzado en la cafetería. Lo que no era usual, porque ahí siempre están sentados los "populares" molestando a quienes se les crucen, no les importa de qué año sean o si son profesores; aunque este año están exagerando un poco más por ser nuestro último en el colegio. Algunos profesores se lo toman a broma y saben esa sensación de último año; pero, no puede decirse de todos, ya que algunos sí se molestan y los llevan a la subdirección. Por mi parte, nunca fui muy molestado y siempre supuse que me tenían estima por estudiar juntos desde muy pequeños con cinco años. Digamos que la máxima molestia que me han hecho hasta ahora es cada vez que paso por ahí con Estef, tanto chicos como chicas hacen ruidos hacia nosotros o nos preguntan donde está Teresa o donde está mi tutor. Me desvié bastante del tema; así que pasaré a después de las clases, cuando nos tocaba el entrenamiento de las tardes. 

De camino al campo de fútbol, me encontré con Mike y Érica; fue una conversación tranquila, pero de un momento a otro, con un poco de vergüenza, dado que siempre era al revés, él me preguntó si podía ayudarles a repasar algunos temas de matemática y física para las pruebas del lunes. Érica insistió y les propuse el sábado en la mañana en mi casa, estuvieron de acuerdo. Justo por ahí pasaban Crístofer y Rosalina; al parecer ella escuchó y me preguntó si podían ir con Crístofer, no tenía problemas, pero no entendía por qué no le enseñaba él si también entendía todo. Hoy me enteré el porqué, pero lo escribiré mañana. Bueno, como los cuatro aún estaban cerca, les dije que llamaría a Ronald y Teresa, pues ellos saben bastante y sería más fácil si éramos más ayudándonos. Noté ligeramente incómoda a Érica, pero no dijo nada; todos los demás aceptaron casi de inmediato. En el entrenamiento ya sufro menos y tengo más energía para más ejercicios. Además, ahora le caigo mejor a Camila y no me molesta, todo lo contrario, sino que ahora me ayuda, me da ánimos y me alienta a seguir, ese si que es un cambio que me alegra. Me da un poco de risa, pues cuando me ayuda con ciertos ejercicios, y sé que no lo hace apropósito, me toca los brazos o el abdomen y eso genera ciertas miraditas de Estef.

No pasó nada relevante el jueves, muy similar a los días anteriores, y el viernes salí con Estef en la tarde. Aunque solo fue un tiempo corto, pues quería ver ropa que le había gustado la semana pasada. Pasamos por una pastelería a comprar tartaletas y tortas para llevar a su casa e invitarles a todos. Había pasado un tiempo desde que fui a su casa y ya no estaba la tía Raquel, qué alivio, se le habían acabado las vacaciones. Como no había nadie, estuvimos muy pegados viendo televisión en el sofá de la sala. Bueno, viendo y no viendo hasta que llegó Teresa y nos separamos. Traté de disimular que no hacíamos nada raro preguntándole si tenía tiempo de ir a mi casa para estudiar con los demás. Estef le ofreció una rebanada de torta y Teresa respondió que no tenía problemas con estudiar: "Gracias por la torta chicos. Voy a mi cuarto, sigan viendo la película." - No sé qué gesto hizo, pero Estef enrojeció hasta las orejas. Cuando la puerta del cuarto se cerró, ella se lanzó y me abrazó con la cabeza pegada a mi pecho por la vergüenza. Le pregunté qué pasó y me dijo nada. Luego estuvimos hablando de su viaje de estudio, lo divertido de la semana, de sus compañeros de aula, de la fiesta de la próxima semana, etc. Pasado un rato me fui, pues no tenía ganas de ver a sus papás y que su papá me pregunte por qué no estoy asistiendo a las clases extra.

Ahora sí, voy a subir algo que escribí hace mucho tiempo cuando Gina se fue, aún no estoy seguro de la fecha exacta y no la tiene. Tenía título, así que no le podré a lo que acabo de narrar, todo se llamará como el título de ese día, si me arrepiento lo cambiaré.

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No recordaba muy bien lo que había pasado, pero sí que hace un semana se fue sin decir nada. El día anterior había cometido lo que suponía era infidelidad, aunque no se sabía si realmente importaba. ¿En serio... importaba después lo ocurrido?

Había amanecido y estaba echado en la cama, con los ojos muy rojos, la nariz repleta de mocos y sin fuerza en todo el cuerpo. Con solo una mirada por la ventana, se podía observar que sería un bello día, dado que se sentía la cálida y refrescante brisa; sin embargo, al mirarlo detenidamente en su cama, no parecía tener vida. Al caminar hacia el baño, parecía un máquina averiada y programada para cumplir una rutina matutina; sin embargo, cuando parecía que saldría de la habitación, volvió a la cama en la posición inicial con una mirada vacía hacia la ventana sin continuar la rutina.

Pasaron un par de horas desde que había despertado y no se había ido a desayunar como todos los días. Fue una sorpresa mayor, dado que las vacaciones habían iniciado. Preocupada, su madre fue hacia la puerta, tocó un par de veces dando a entender que debía bajar a comer; sin embargo, al no escuchar respuesta alguna, preguntó con duda y tristeza:
- ¿Luis, estás bien?... Ven, habla conmigo, hijo, eso te va ayudar... Te espero abajo. No demores mucho, debo ir a trabajar en un momento.

No hubo respuesta instantánea, pero se escuchó un triste . Después de la respuesta, como si la ropa fuera plomo, se vistió. Tenía la apariencia de un muñeco de trapo tomado por las costillas: cabizbajo y con las extremidades caídas. Luego, cuando tenía que ir al primer piso, las escaleras las notó altas y peligrosas, dado que parecía temblarle las piernas; no obstante, a paso de caracol, logró bajar sin mucho problema y con mucha desgana.

Al sentarse en la mesa de la cocina, con una bella sonrisa, su madre le sirvió el desayuno y, mientras lavaba algunos platos, le comentó que las vacaciones de verano ya habían iniciado y suponía que su hijo ya tenía planes con sus amigos. Sin embargo, Luis aún no mostraba muchas señales de vida en sus movimientos. Ello generó entre preocupación y enojo a la madre, dado que nunca había visto así a su hijo.

Dejó los platos, fue hacia la silla contigua y se sentó con una expresión que demostraba atención para escuchar lo que tenía que decir. Pero, como no parecía que hablaría, ella decidió iniciar con una pregunta:

- "¿Qué pasó? No soy adivina, si no me dices, no puedo ayudarte." - Mientras se contenía el ligero enojo que provocaba verlo de esa manera.

-" Me besé con Estéfani... Creo que engañé a Gina. Pero, parece que eso no importa, porque se fue sin decirme nada... Tal vez, no me quería." - Le dijo a su madre con una voz muy débil mientras la miraba a los ojos humedecidos por la pena.

Su madre, una mujer con camino en la vida, lo abrazó y le dijo que ya habían hablado del tema de Gina hace algunos días. Además, le hizo recodar y le comentó: 

- "No es el fin del mundo por que ella se fuera, hay mucha gente que te quiere, te querrá y otra la que simplemente no les vas a caer bien. Además, no solo era necesario el sentimiento hacia una pareja lo que te puede hacer feliz, sino que también existen los amigos y la familia con quienes tendrás muchas experiencias de vida que te hará sentir bien o mal, pues la vida es así y, para que un chico de quince año esté llorando por su novia de la misma edad, es algo absurdo. Aún eres joven y podría decirse que aún estás conociendo la vida, estás en pañales... Tranquilo, muchas personas te queremos... Si ella se fue, se fue. No podemos hacer nada. Mira a quienes tienes a tu alrededor aún." - Le dijo con una voz cálida y tranquila.

Lo único que podía hacer el muchacho era llorar por la tristeza, pero, en cierto modo, sentía que era verdad todo lo que le dijo. Por ese motivo, siguieron conversando y todos los temas con dudas se fueron calmado poco a poco. La única pregunta para lo que aún no había respuesta fue si le gustaba Estéfani, persona de la cual su madre no sabía nada. Aunque tarde o temprano se iba a enterar, cualquier secreto de su hijo siempre terminaba enterándose.

Después de varias minutos extra de conversación, su hijo se sentía mejor; aún estaba decaído, pero era mejor que ver un zombi rondando por toda la casa sin ninguna emoción o respuesta alguna. Satisfecha, decidió ordenar algo para almorzar, dado que había pasado más tiempo del previsto.

Mientras Luis iba a su habitación, decidió que debía hacer algo para olvidar los malos momentos y esos recuerdos que frecuentaban su mente, pero sobre todo debía hacer lo que su madre le dijo: vivir experiencias con sus amigos y familiares. Aunque principalmente pensó en sus amigos, pues eran un circulo social más cercano a su edad. Sin embargo, sabía que eso sería gradual, porque el estado de ánimo siempre influye mucho en las acciones.

Finalmente, al llegar a su habitación, agarró su celular y, con ligero nerviosismos y alegría, vio un mensaje:

Stephanie: Hola ¿Como estas? :)