14 de junio de 2007, Jueves
El domingo, como es costumbre, hablé con Estef. Parecía que no hubiese ocurrido nada el día anterior, pues me contó lo que hizo en el día y, por mi lado, también le conté que salí con mis papás a visitar a mis familiares; no obstante, mientras la conversación avanzaba al tema de la fiesta, su voz se tornaba más y más apagada. Entendí que aún se sentía mal por el vómito y la discusión. En ese sentido, no insistí con hablar de ese tema, así que esperé que ella misma hable. Demoró un poco, pero por fin lo dejó salir. Se disculpó y me preguntó cómo haría para soportar la humillación que sentiría el lunes. Por mi parte, le dije que sea sincera: "Diles que tomaste mucho, pues, de ocultarlo o tratar de ignorarlo, todo tu salón o año podrían molestarte. Si les dices la verdad y lo aceptas, el chiste no les dará mucha gracia; pero si lo tratas de ocultar será ahí el punto del cual se agarren" - Me dijo que era una malísima idea, pero después de un rato de reflexión, insistirle y darle algunos ejemplos de compañeros de mi aula (incluyéndome sobre la partida de Gina), logró entenderlo y me dijo que tal vez lo haga así. Me preguntó con mucho cariño si esta semana me vería en los recesos o después de clases, aunque la respuesta no fue de su agrado.
La semana inició bastante tranquila, no sabía cómo quedó Estef con sus compañeros ni con sus amigas, dado que no las vimos desde que salimos de la fiesta. Las horas de clases normales me aburrieron, increíblemente me siento más entusiasmado por lo que aprenderé con las clases extra de los recesos y las de la tarde después del colegio; esto no debería tener sentido, porque son las mismas aulas y los mismos profesores, aunque las materias son más divertidas. Jamás pensé escribir que el colegio era divertido, debo estar madurando. En fin, durante un trabajo en grupo de las clases logré conversar con María, Katty y Mike. Me preguntaron cómo me fue en la fiesta, ignoré todo el problema con Estef y les conté sobre el mito y esas tonterías que habían inventado sobre mí. María se burló mucho y no podía creer lo que escuchaba; Mike, con mucha ironía, dijo que podía iniciar mi propio grupo político para postular a la presidencia del colegio. Katty se reía y agregaba más ideas burlonas. Pasaron Fernando y Ramiro para pedirnos prestado materiales, pero también preguntaron de qué tanto nos reíamos y les resumieron todo. Ramiro, con su mano en mi hombro, me dijo que lo pensara, pues podría hacer un ejercito. Fernando se arrodilló y me pidió que convenciera al año de Estef, ya que estos dos quieren hacer destrozos en el colegio.
Después de ser ignorados y de mucha conversación negándome, Ramiro le dijo algo a Fernando y se fueron resignados. No sé nada de los últimos recesos, lo único que sé es aquello que les puedo preguntar a María, Katty, Mike, Fernando o Ramiro, aunque a estos dos últimos trato de evitarlos. Por su lado, Mike siempre se habla y se escribe con Érica, así que no recibo mucha idea de lo que ocurre a fuera. Cuando les quería preguntar a Katty y María cómo estuvo el receso, ambas me preguntaron si todo estaba bien con Estef, puesto que se le veía más tímida. No supe qué responderles y les dije que nos habíamos divertido (una verdad a medias). No les pude preguntar más y reiniciaron las clases. El martes fue muy similar, en casi todo, hasta en las insistentes ideas de Fernando y Ramiro. No me volví a ver con Estef ni los demás en los recesos, aunque ahora los profesores de los recesos y las tardes estaban contentos. Incluso una profesora que no veía desde los inicios de la secundaria se sorprendió de verme ahí, sin ser obligado a nada. A parte de eso, me pidió mandarle saludos a mis hermanos, dado que eran sus mellizos favoritos. Me preguntó si J.J. aún tocaba la guitarra o si Mitch aún tenía tiempo de escribir cuentos cortos. Todos fue afirmativo, aunque siempre me da vergüenza y algo de molestia que me usen como intermediario de mis hermanos.
El miércoles me salí un poco de control. Todo comenzó por un sueño en cual abrazaba y toqueteaba a Estef, aunque casi no lo recordaba bien sé que fue por mucho mucho tiempo. Desperté con mucha energía en los pantalones; pero, no había tiempo para nada, pues debía ir al colegio o llegaba tarde. En el trayecto traté de distraerme, pero, mientras más dirigía mi atención a lo que sea, más fantaseaba mi cabeza. Lo único que me generaba un poco de tranquilidad era pensar que todas las clases del día y principalmente hacer atletismo después de clases me ayudarían a relajarme y olvidarme. Al parecer fui muy optimista en las primeras horas de clases, pero hizo mucho calor y aumentó más al mediodía. Las chicas se sacudían las faldas y me costaba no mirar, pues sabía que varias lo estaban haciendo a propósito para molestarnos a todos los hombres en el aula. En el segundo receso, durante las clases extra del profesor Alonso, no me pude concentrar en la explicación y los problemas que había dejado para resolver me estaban causando más estrés. Lo peor fue pedirnos salir a la pizarra a realizar nuestros ejercicios y luego explicarlos al salón. El problema no se debía a que no entendía, sino por que el muñeco estaba de pie. Para mi suerte, cuando se acercaba mi turno, poco a poco me calmaba y tenía la respuesta de mis ejercicios. La últimas horas de clases no fueron de tanta tortura, pero casi siempre se me izaba la bandera.
Una vez acabadas la horas de clases, me dirigí al campo de futbol y, por un momento en el camino, miré el baño y se ocurrió que todo esto terminaría si... y justo me saludaron por la espalda Estef, Camila y Samanta. Me avergoncé mucho, pues supuse que sabían lo que pensaba; lo sé, es una tontería, pero es lo que sentí en ese momento. Volteé para verlas y cada una ya estaba con short y polo, por lo general se cambiaban antes de entrenar, pero como hacía calor fueron directamente así. Mi subconsciente me hizo reí y les dije que vayamos al campo, todo ello con la finalidad de no tener que verlas directamente. A la hora de los estiramientos, no dejé de verlas a las tres, mi ojos parecían imanes. Para no ser tan obvio, me traté de cansar más de lo normal apropósito. Luego, traté distraerme con Samanta y conversamos sobre el curso de arte, pues ella tenía una exhibición de algunas obras. Por mi lado, le conté la posibilidad de que nos encontremos en el taller, dado que la profesora quería nos juntáramos con su año. Estef quería acercarse también para conversar, pero la veía tan sexy que no podía mirarla directamente cuando hablábamos, lo importante era que me pidió ayuda para estudiar matemáticas con ella. Acepté y me pidió ir con ella hasta su casa una vez acabemos atletismo. Luego, noté algo curioso, Camila no se me acerca tanto como en los entrenamientos pasados. Supongo que se deberá a lo de la fiesta.
Pensé que se esforzaba por no acercárseme, pues algo habrán conversado todas después de cómo se puso Estef. Bueno, dejando eso de lado, el entrenamiento me agotó, esperamos a las amigas de Estef y nos fuimos de regreso en el bus escolar. Estaba tan agotado del ejercicio que aun cuando Irene estaba con una ropa muy ajustada y Estef pegada con todo su cuerpo sobre mí, no hubo ninguna protesta en mis pantalones... por lo menos al inicio. A la mitad del camino, mi cuerpo ya estaba descansado y me fijé en mis alrededores; qué buenas figuras tenían, terminé excitándome mucho. Me hice el que tenía calor, abrí toda la ventana y casi saco la cabeza, pero poco me faltaba para hacerlo. Todas las chicas se reían, pues no sabían por qué estaba actuando tan raro toda la tarde de entrenamiento. Les cambié el tema y poco a poco las amigas de Estef iban bajando en su respectivo paradero. Finalmente, nos quedamos Estef y yo a solas y cerca de su casa bajamos. En el camino, Teresa le envió un mensaje diciéndole que iba a casa de María. Se puso contenta y me dijo que vayamos a comprar tortas como la última vez o si prefería algo salado también. En ese momento pensé: "Eso es, tal vez la comida me alivie la mente. Debo pedir algo oloroso como orégano o cebolla para despejarme" - Fuimos a dos tiendas y compramos, en una tienda, empanadas y, en la otra, algunas torta y pie de limón. Conversamos con normalidad hasta su casa.
Al llegar, aún no estaba ninguno de sus papás, me ofreció agua y mi ojos no dejaban de seguirla mientras hacía todo el recorrido, siento que me vi como un psicópata. Miramos la televisión más de media hora y subimos a su habitación, pues debíamos avanzar en repasar y no terminar muy tarde. En su habitación, se sentó frente a la mesa donde siempre estudiamos y me pidió sentarme en la silla de su lado. Antes de hacerlo, le pregunté si no se iba a cambiar su ropa de deporte primero. Esa pregunta parece que le activó algo, pues protestó un poco lastimada: "¿Hoy, qué pasa contigo? Siento que estás muy distante. Estás estudiando casi todo los días, en el entrenamiento no me mirabas y ahora no te quieres sentar a mi lado. ¿Hice algo mal? ¿Estás molesto por lo de la fiesta? ¿Estoy oliendo mal?" - En retrospectiva era cierto, la estuve ignorando para no exaltarme y verme como un pervertido frente a todos. Le dije que no había hecho nada mal y lo de la fiesta no tenía nada que ver, me había divertido. Aún se le veía algo pensativa, se sentó en su cama y fui a su lado para conversar sobre cualquier cosa mientras le tomaba la mano. Después, mientras conversábamos y nos besábamos, estiró su polo y lo olió: "Entonces, no estoy oliendo mal, ¿verdad?" - Le repetí varias veces que no era así, le dije que olía bien, pues aún olía a su perfume. Me llamó mentiroso, la situación era embarazosa y me acerqué más a olerla. Me sentí como lo que traté de evitar todo el día, un asqueroso pervertido.
El mayor problema fue que su clásico olor me gusta mucho y no olía para nada mal ni a sudor, terminé excitándome otra vez y, como me estaba besando, me dejé llevar... La recosté en su cama suavemente con el peso de mi cuerpo, la besé con más intensidad, mientras ella también me correspondía con la misma intensidad, manoseé su pecho y con fuerza le baje su short que aún estaba un poco húmedo por el sudor de hacer atletismo. Con mi mano derecha, usé mis dedos para hurgar en sus partes y sus gemidos me estaban excitando más y más. Me estaba volviendo loco, quería sentir más de ella y me dieron muchas ganas de quitarme mi ropa, pero justo, cuando me estaba sacando el polo, en ese momento sonaron llaves en la puerta principal, se abrió y llegó su mamá. Me sentí muy frustrado, pero necesitaba detenerme. Mi mano derecha estaba un poco húmeda y tenía que lavarme; además, comencé a sudar un poco. Miré la carita roja de Estef, se le veía cansada, se levantó torpemente sin mirarme, se acomodó la ropa, lo mejor que podía, y fue hasta la escalera para saludar a su mamá que aún estaba en la cocina. Desde arriba, le mencionó que Teresa había salido y que yo estaba con ella, ayudándole a estudiar. Su mamá le preguntó si me ofrecía algo, pero Estef mencionó que más bien nosotros habíamos comprado algo. Le agradeció y dijo que siga estudiando conmigo. Retornó a la habitación y se sentó frente a la mesa mientras me miraba desde su silla y se arreglaba la ropa: "Ya veo por qué estabas raro. Te ayudaría, pero mi mamá está aquí, no sabemos si..." - Tenía una extraña sensación de vergüenza y emoción cuando dijo eso, pero el orgullo se me estaba encogiendo con todo lo que había pasado. Le pedí que no se preocupara, ya que simplemente estaba con mucho acumulado estrés por las últimas semana; además, del poco tiempo que tenía para salir y divertirme con mis amigos (y ya no hacía natación como antes), pues he estado estudiando más de lo normal este año.
Me reprochó el que estudiara tanto, después de conversar y de irme a lavarme en el baño, le dije que estudiemos lo que ella tenía. Sin embargo, en parte fue una mentira, ella quería conversar conmigo y saber por qué estaba tan raro en los últimos días, no tenía ninguna prueba o examen; en general, no tenía ninguna intención de estudiar. Para molestarla un poco, le dije que igual estudiaríamos, dado que su mamá estaba abajo y en algún momento aparecería por su habitación, como siempre hacía. Me puso su cara de aburrimiento y comenzamos a estudiar. Dicho y hecho, porque, después de un rato, su mamá apareció trayendo bebidas para ambos y nos dijo que bajáramos para poder comer todos juntos lo que habíamos traído. Antes de sentarme, la señora me agradeció mucho por ayudar a Estef en matemáticas, pues se fijó que aún no me había cambiado la ropa deportiva, dado que tiene el logo del colegio. De corazón, le dije que lo hacía con gusto y, mientras comíamos, hablamos del colegio hasta que llegó el papá de Estef con Teresa. Su papá me saludó amable, Teresa agregó su broma: "Ya parece que vives aquí, siempre te encuentro." - Todos reímos, pero sentí lo embarazoso de la situación, no me gusta esa sensación de estar mucho en casa ajena con todos los familiares.
Terminamos de comer y me fui a recoger mis cosas en la habitación de Estef. Al tiempo que recogía, ella me abrazó por la espalda y me bromeó: "Me alegra que estés bien. Por cierto, tú si hueles mal, anda báñate cuando llegues." - Casi al instante me alejé de ella, porque no me gusta oler mal frente a los demás. Me dijo que solo era broma, pero aun así mantuve distancia; de la misma manera, lo había hecho porque sentir su cuerpo en mi espalda me estaba excitando. La besé en la mejilla y me fui. Al llegar a mi casa, descansé en mi cama un poco y, por recordando todo el día, terminé duro como pan de varios días.

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