23 de Junio de 2007, Sábado
Fue una mañana de viernes
con mucha paz. Había solucionado un problema generado por Fernando y
Ramiro; les había recalcado toda la semana a los "populares" que no
había ninguna fiesta en mi casa, por lo que no insistieron; pero, lo
mejor de todo, mis notas seguían mejorando y la profesora de arte, como
ninguna otra, me tiene estima, le gusta lo que dibujo y pinto con
carboncillo. Podría decirse que el único inconveniente de esa mañana fue
la reunión/charla obligatoria que tenemos cada bimestre con nuestro
tutor. Por un momento pensé que me había salvado y supuse que tal vez no
tendría esa charla individual para no tener que conversar, de algún u
otro modo, sobre Estef con él. Esto no quiere decir que me lleve mal o
que soy un doble cara con él, sino que la vergüenza me desconcierta
muchas veces.
Recuerdo cómo la primera hora del
día, era tutoría general, había terminado y, justo cuando estuvo
saliendo, se detuvo en la puerta, dio media vuelta y, con un gesto
silencioso, me llamó para conversar en privado. Me dio risa, pues, de
manera muy tonta, me señalé con el dedo y giré para ver si había sido a
otro. Me miró dubitativo y me insistió señalándome con el mismo gesto
varias veces más. Un poco nervioso y a regañadientes me levanté y le
pedí María que anotara lo que me perdiera de la clase. Me dijo que no
esté nervioso con mi "suegro", dado que he mejorado mucho en mis notas.
Al salir, pude notar que Fernando y Ramiro me miraban mal, porque les
arruiné el plan, solo espero que les pase pronto. En fin, delante de mi
tutor, este me saludó muy contento y cordial como siempre y nos fuimos
caminando poco a poco a la cafetería. En el trayecto, me explicó que
había mejorado más desde la última vez que nos reunimos, por eso había
dejado nuestras charla para los últimos días, antes de los exámenes. Me
preguntó por mi salud, por mi familia en general, si había algún
inconveniente con mis amigos; por lo que sospeché si sabía algo, pero
prefería negar todo, pues realmente no había nada.
Al
llegar, nos sentamos en una mesita de la cafetería y ahí sacó de su
maletín mi registro de notas. Era solo una hoja, pero tenía todo mi
historial de secundaria. Eran, incluyendo este también, los últimos
cincos años de mi vida académica resumida. Me dio mucha vergüenza,
puesto que vi las malas notas de mis tres primeros años de secundaria.
Mi tutor me preguntó qué pasaba, dado que giré la cabeza hacia todas las
direcciones; sin embargo, me sentí en confianza y le dije. Me explicó
que no había por qué sentirse así, debido a que había mejorado
radicalmente en los dos últimos años. Desde su perspectiva, ya estaba
compitiendo por una vacante en la universidad, el cambio en mis notas
era sorprendente. Me siguió platicando y animando a que no me descuide
de mis avances, me dio ejemplos de algunos compañeros e historias del
pasado (las cuales no sé si existen). En ese momento estaba muy
conmovido, ya que nadie me había dicho nada similar en lo académico. Le
agradecí y, como nuestro tiempo estaba terminando, le confesé que la
notificación que Estef llevó la última vez, había sido por mi culpa, ya
que estaba muy feliz de que todo me había salido bien.
Al
principio no entendió, lo asimiló con un gesto dubitativo y respondió
sorprendido: "¿Ah? ¿Fuiste tú? En casa, todos estábamos seguros de que
había sido ella. Hasta le dijimos que tenga cuidado para no perjudicarte
en tu nota de conducta" - Se comenzó a reír, dado que siempre me ha
visto muy tranquilo. Su única recomendación fue que tuviera más cuidado,
pues la profesora de disciplina, desde sus épocas de estudiante,
siempre ha sido muy estricta. No dije nada, pero fue una sorpresa
descomunal ¿Cuántos años tenía la profesora? Imagino que mi cara hablaba
por sí sola, pues solo me dijo: "Sí, yo tampoco estoy seguro, pero es
bastante mayor. Ya se veía mayor cuando estudiaba" - Su respuesta me dio
mucha risa y luego, cuando pude dejar de reírme, nos despedimos. De
regreso al aula, me senté y sentí mucha suerte mezclada con
satisfacción, mi tutor creía que podía ingresar a la universidad. María
notó mi cara y preguntó: "¿Por qué tan feliz, ya te comprometiste con
Estéfani y el profesor lo aprobó? - Suspiré, porque algunos a nuestro
alrededor nos estaban mirando y escuchando. A pesar de eso, cambié el
tema y le pregunté si quería ir al teatro a ver a Estef. Le gustó la
idea y le pedí que me ayudara avisándole a los demás en el recreo, pues
yo aún tenía que asistir a las clases extra. No hubo problema, aceptó y
me siguió molestando con ella.
En el segundo
receso, salí un momento para verme con Estef y preguntarle cómo haríamos
para vernos antes o después del teatro. La encontré cerca a mis amigos,
pues le preguntaban de qué iba a tratar la obra. Se notaba que varios
habían aceptado ir e incluso parecían emocionados. Me saludó con un beso
en la mejilla y le pregunté si la acompañaba al teatro o ella iba por
adelantado. Me dijo que no me preocupara, dado que tenía que prepararse
con los trajes y el maquillaje; por lo tanto, tenía que ir temprano y
era muy probable que no nos veamos hasta que la obra terminase. En ese
sentido, le dije que me quedaría en el colegio a las clases extra de la
tarde, pues ese viernes no hubo taller de arte ni avance de ningún
trabajo artístico. Todos mis amigos comenzaron a quejarse por ir a
conversar con ella y no con ellos; sin embargo, traté de convencerlos y
organizar una reunión en mi casa el otro fin de semana, el sábado 30.
Sin pensarlo mucho, todos comenzaron a ponerse de acuerdo en lo que
llevarían. Por mi lado, como ya debía volver a la clase, me despedí y
todos, con mucho más ánimo y contentos, me desearon suerte y que me vaya
bien. Sí que les gustó la idea, debo decirles algo así siempre para que
me quieran más.
En fin, terminado el colegio y
las clases extras de la tarde, descansé un poco y después tuve que
alistarme para ir al centro cultural. Me llegó un mensaje de Crístofer
preguntándome si tenía tiempo para ir con él, Rosalina, María, Katty,
Teresa y Ronald. Además, como querían llegar rápido para tener buenos
asientos, íbamos a tomar el bus. No tenía inconveniente, estaba un poco
cansado así que estaba bien. Mientras me iba de camino a la parada, tomé
el camino largo, pues sentí que había salido temprano. Sin embargo,
mientras caminaba cerca de la casa de Gina, vi a su mamá... Llevaba
bolsas de compras. Por una de las ventanas, me pareció ver a su abuelo.
Me quedé estático, no sé cuánto tiempo fue. Me encontraba al otro lado
de la acera y estaba anocheciendo, lo más probable es que no me haya
visto. El miedo se apoderó de mí: mis piernas temblaban y sentía que me
quería caer; sentí un golpe en la nuca, casi como si me mareara; y, un
nudo en la garganta que me dejó sin habla casi hasta llegar a la parada.
No quería pensarlo mucho, pero una idea se me cruzó por la cabeza:
"¿Gina está en su casa? ¿Volvió?" - Tenía que correr, salir de ahí lo
más rápido que podía. No debían verme... Solo pensaba en eso mientras
corría lo más rápido que podía.
Una vez que
llegué a la parada, María, Katty y Teresa estaban ahí, de pie
conversando y riendo. Notaron mi llegada desesperada y voltearon a
saludarme, al principio María quería reírse de mi llegada. No obstante,
parece que mi cara no se veía nada bien, ya que Katty se preocupó y me
preguntó si estaba bien o si me había pasado algo en el camino. La voz
aún no me había vuelto por completo, estuvo ronco por unos segundos. Más
calmado, les dije que había visto a la mamá de Gina. Casi al mismo
tiempo, todas abrieron los ojos por la sorpresa. Era una mezcla de
preguntas que atropellaban a otras: "¿Dónde estaba? ¿A qué hora fue?
¿Estás seguro? ¿Crees que ella esté aquí?" - Estaba asustado, no sabía
qué responder, sentía confusión o mareo. ¿Así se sentirán los
criminales? Lo que no tenía sentido, no había hecho nada malo, ¿verdad?
Así es, no hice nada malo, seguí con mi vida. No me había dicho nada, no
me dijo ni un miserable adiós. No hubo un perdóname, no hubo ni un
maldito te quiero... En ese momento, las chicas trataron de
tranquilizarme diciéndome que era muy probable que haya visto mal, era
muy poco posible que ella apareciera de la nada, sin avisar o lo que
fuese.
Por un buen rato, hasta que llegaron
Crístofer y Rosalina, estuvieron diciéndome que era imposible. De estar
ella aquí ya se habría tratado de encontrar con alguna de las chicas o
conmigo. Aunque esto último lo veía más difícil, ¿Pensará que estoy
molesto con ella? ¿Lo estoy? Crístofer trató de suavizar la situación
pidiendo calma y que no me abrumen con preguntas raras. Ligeramente
molesto me hizo una pregunta directa: "¿La viste para que estés así de
mal?" - Le dijo que no, pero había la posibilidad. Con los años que lo
conozco, sé que se molesta conmigo cuando estoy alterado por cuestiones
como estas. Me contestó con la misma actitud: "¿Quieres verla? Porque si
quieres podemos ir a confirmar si está o no. Pero no creo que a
Estéfani le guste saber que te fuiste a buscar a otra, mucho menos a
Gina" - Con solo un par de palabras me trajo a la realidad. Era verdad,
no sabía si ella estaba en su casa, estaba con miedo sin saber de qué
cosa y, lo peor de todo, prácticamente había realizado el miedo de
Estef: dejarla por otra como si ella fuera un reemplazo... Estaba muy
triste y arrepentido mientras les pedía disculpas a todos. Antes de
alguien pudiera decir una palabra, Ronald apareció animado y se disculpó
con todos, ya que su perro lo había retrasado.
Quiso
preguntarnos qué pasaba, pero el bus apareció junto con su llegada y
debíamos subir. Las chicas fueron al gran asiento del fondo, Crístofer y
Ronald en el asiento doble de adelante y yo, separado por el pasillo, a
su lado en el asiento individual. Conversamos como si lo anterior no
hubiera ocurrido, pero, de vez en cuando, las chicas me miraban sin
decirme nada. A medio camino les dije que me había mareado un poco por
voltear, francamente quería pensar, pero de verdad me dolía la cabeza
por el estrés. Al llegar, bajamos en nuestra parada y aún nos faltaba un
pequeño tramo, pero el bus nos ahorró bastante tiempo. Estábamos por
entrar a la sala, pero Teresa me pidió que la acompañara a comprar un
par de aguas en la tienda del local. Acepté con tono inocente, pero
sabía que quería regañarme o algo parecido. Cuando ya no podían vernos,
me preguntó como estaba. Le dije que estaba mejor y, antes de que me
regañe, le pedí disculpas. Con tono maduro y tranquilo me hablo con
sinceridad: "Sé que las noticias sobre Gina te caen mal y nos lo
confirmaste a todas con tu actuación de hace rato. Pero... Tefy, es mi
hermanita, la quiero mucho y la veo muy feliz contigo. Se nota que
también te quiere mucho, ha cambiado bastante desde que están juntos...
Solo te pido que por favor no le rompas el corazón." - Le volví a pedir
perdón, dado que no era mi intención engañarla o hacerle sentir mal. Le
pedí de favor que no le diga nada a ella y que las chicas que no
mencionen esto; por parte de Crístofer, sé que no dirá nada, él es así y
esperara que lo solucione.
Regresamos con
nuestros amigos y, de lejos vimos y saludamos a Nadia, Camila y las
demás; después, la voz del presentador dio pie a iniciar la función. Aún
estaba un poco triste, no entendí muy bien la historia de la obra, pero
me alegraba ver a Estef en cada escena, sentía calor en el pecho y el
dolor de cabeza había disminuido. Terminó después de casi dos horas
seguidas, alrededor de las nueves de la noche. Todos los actores se
tomaron de las manos, saludaron al público y comenzó la sección de fotos
con los padres, familiares, amigos, etc. Cuando todo había terminado,
juntos con mis mis amigos, fui a buscarla y aún estaban felicitándose y
tomándose fotos entre varias personas. Desde lejos, Estef nos vio y fui
corriendo hacia nosotros preguntándonos cómo la había hecho; por
supuesto, todos le dijimos que había estado muy bien. No sé si era muy
notorio o qué, pero me preguntó: "¿Estás bien? Tus ojos están un poco
rojos. (se rio) No me digas que fue por mi actuación." - Cambié el ánimo
lo más que positivo que podía y justo en ese momento, antes de poder
responderle cualquier cosa, algunos de sus compañeros y el profesor se
acercaron a tomarse fotos con nosotros. Estuvimos un par de minutos en
esa sesión y cuando terminó mis amigos se fueron al baño o a la tienda
del local. Cuando me quedé a solas con ella, el profesor le preguntó a
Estef si se iba con todo el grupo de la obra para celebrar.
Me
miró inquieta, pero más o menos sabía que quería decir con esos ojos.
Giró hacia profesor y le preguntó si podía ir con ellos. Antes de que
pudiera negarme, el profesor me sonrió y añadió: "Sí, claro, no hay
problema. Ven, Luis, únete a la celebración del grupo. Estéfani siempre
nos ayuda, ven y conoce esta faceta de tu chica." - La vi contenta y,
por mi parte, agradecí la invitación. Cuando el profesor se retiró, le
dije que había pensado ir con mis amigos, además de sus amigas, y ella a
otro lugar; sin embargo, me respondió que solo sería por esta vez, dado
que el siguiente taller es probable que no abra la otra mitad del año
por actividades de no sé qué. No estaba de humor para discutirle nada,
más aún después de mi comportamiento de más temprano, y terminé
aceptando. Se puso muy contenta y se fue a decirle a sus papás y yo fui
con mis amigos a contarle lo ocurrido. Extrañamente, principalmente las
chicas, me dijeron que vaya, no había problemas, ya verían qué harían.
Me despedí de todos y busqué a Estef, quien ya estaba con su grupo a
punto de partir. Ahí fuimos abordados por el más alto, grande y
musculoso del grupo, pero extrañamente tenía una voz muy suave y
calmada, era lo contrario a su apariencia.
En
todo el trayecto conversamos con él. Hasta que llegamos al restaurante
propuesto por el grupo y nos sentamos en dos mesas; eramos muchos, pues
todos llevaron a un familiar o pareja y los participantes de la obra era
como diez. En mi mesa, casi todos eran mayores de treinta, ya
trabajaban y hacían teatro en sus tiempos libre para socializar y
relajarse. Lo que me parece algo raro, pero ya depende cada uno lo que
quiera hacer con su tiempo. Entre toda la conversación, no sé si entendí
o escuché varias indirecta sobre que a uno de los chicos del grupo que
estaba en la universidad, creo que tenía entre diecinueve y viente años,
me parece que estaba enamorado de Estef. Lo que me disparó alarmas,
pero traté de pasar desapercibido como si no hubiera entendido los
comentarios y seguí conversando con los de mi alrededor. Entre los temas
a conversar: qué quería estudiar, si pensaba unirme al taller el otro
año, a qué universidad iría, cómo conocí a Estef, etc. Todos tenían la
facilidad para caerme bien, claro, cuando no me estaban obligando actuar
con ellos. La cena demoró tanto tiempo que llamé a mis papás para que
no se preocuparan, les expliqué toda la situación y entendieron bastante
bien. Al momento de la despedida, todos los hacían abrazándose; a Estef
todos, a mí me dieron la mano y otros hasta me abrazaron como si me
conocieran de toda la vida.
Al salir del
restaurante, muy contenta me preguntó qué me pareció su actuación y
luego sus amigos de la obra. Conversamos un buen rato mientras íbamos de
la mano hasta la plaza central, puesto que estaba relativamente cerca y
me pidió que vayamos ahí. Le estaba por sugerir tomar un taxi, pero ya
le había avisado a su papá y, efectivamente, ahí estaba estacionado y a
la espera. Me volví a incomodar con la vergüenza, aunque acepté ir con
ellos dada la hora. Su papá me agradeció acompañarla y, no sé cuántas
veces ya, me preguntó por la obra, qué me pareció, etc. Mientras le
habla y el señor manejaba, le mentí para que se desvíe un poco y pase
por la casa de Gina, quería saber si había alguien por ahí. Así fue, los
seguí distrayendo con la conversación y, con el pulso un poco elevado
cuando pasamos por la casa, observé cómo todas las luces estaban
apagadas. ¿Estaba alucinando o ya estaban descansando? Puede ser lo
último... Llegado a mi casa me despedí con la mano al señor y luego ella
volteó y arrodilló en el asiento de copiloto para darme un beso en la mejilla. Me
sentí feliz, pero solo quería descansar en mi cama...

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