08 de Julio de 2007, Domingo
Mañana inician los exámenes y vaya manera de comenzar la semana. Es mediodía, está un poco nublado, tengo un ligero malestar en el cuerpo y la cabeza, ya que ayer nos reunimos con banda. No, no, primero en orden, sino me confundo con las fechas y no me siento tan bien por culpa del alcohol. Primero debe ser el "hallazgo" y luego ya contaré la reunión de ayer. Sí, ese es el orden correcto, aunque siento que no debería escribirlo por si Estef llegase a leer esto, fue raro y, en cierto modo, incómodo...
En el segundo receso del miércoles no entré a las clases extra y le avisé al profesor Alonso. Me preguntó qué había pasado, pero no podía contarle, pues no estaba seguro de qué iba a ocurrir si no iba. Me miró extrañado: "Sé que no haces tonterías, pero ten cuidado, no te vayas a perjudicar" - El aula se quedó muda al mirarlo, luego todas esas miradas fueron hacia mí y cuando salí, sin que el profesor pudiera vernos o escucharnos, algunos compañeros me siguieron y me preguntaron qué había sido eso. A lo que les pregunté a qué se referían. Aún incrédulos y con los ojos bien abiertos: "Eso, el profesor, por lo general no se preocupa por nada. Es la primera vez que escuchamos que le dice a un alumno que se cuide. ¿Cómo les has caído bien? ¿Es por tus hermanos?" - Les dije que él no conoció a mis hermanos y que, desde mi perspectiva, el profesor siempre había sido amable, me pareció raro que me detuvieron para preguntarme tonterías. Sin más qué agregar, me fui disparado a encontrarme con Fernando y Ramiro, pues me esperaron bajando las escaleras antes de ir al campo de futbol donde solían reunirse los chicos. Fuimos ligeramente apresurados y en el camino les pregunté cuáles eran las bromas, aunque prefirieron no decirme, dado que era algo malo y querían detenerlo. En fin, al final no encontramos a nadie y les pedí que vayamos al almacén, lugar donde había encontrado las gelatinas, aunque tampoco había nada. Esto último dejó a los dos más tranquilos y me volvieron a pedir disculpas invitándome algunos dulces, claro que acepté y nos fuimos.
Regresé al aula en silencio sin que la gran mayoría se percatara y comencé a repasar con todos los demás. Sin embargo, el profesor rompió mi entrada perfecta, me preguntó si había solucionado el problema y, un poco dudoso, le respondí que sí, tal vez. El aula comenzó a susurrar por cuál era el problema, pero, antes de que todo escale a más, el profesor puso orden y sacó a la pizarra a quienes habían terminado sus ejercicios y algunos olvidaron de qué se hablaba. Muy aparte de la clase extra, una vez acabadas todas las clases, debemos quedarnos a las clases de deporte como todos los miércoles. De camino al campo de futbol para esperar a Estef y los demás, sentí, no sé como explicarlo bien, una ¿adrenalina? y tenía ganas de ir al campo por si me encontraba con los compañeros de Esef. A la distancia, vi a los muchachos involucrados en la broma (me olvidé sus nombres) y que supuestamente me habían hecho caso al cancelar los planes de Fernando y Ramiro. En fin, me acerqué y por fortuna escuché los nombres: Raúl y Gabo o también Gabito. Les pregunté cómo estaban y contentos respondieron que todo bien, todo tranquilo, no había problemas, etc. Luego, discretamente les pregunté por lo de la última vez y en un inicio se desentendieron. Más insistente les pregunté si no había nada planeado; a lo que Raúl dijo que no y me guiñó el ojo... Ahí saltaron mis alarmas y les pedí que me dijeran toda la verdad, necesitaba saber.
Ellos muy extrañados me dijeron que habían seguido mis órdenes y les volví a preguntar a cuáles órdenes se referían. Trajeron mis palabras o, por lo menos, aquellas que habían entendido a su manera: "No hagan problemas, ¿de acuerdo?" (no estorben el plan, hagan según lo planeado) "No me metan en estos asuntos" (no quiero que se vea que estoy involucrado) No les hagan caso a Fernando o Ramiro (ustedes están a cargo del plan) - Me dijeron que me habían hecho caso en todo, que el plan seguía como debía y me volvieron a guiñar el ojos. ¿Cómo? ¿Qué clase de broma era esta? ¿Son estúpidos? ¿No me expliqué bien? Solo pude decir un pero muy débil y ellos respondieron que ese día iba a ocurrir una parte. Justo cuando quería hablarles, Estef me asustó saludándome por la espalda, lo que generó que algunos profesores nos vean y aceleren el inicio de las actividades. Nos separaron a todos en nuestras respectivas actividades y no pude hablar con ellos. Lo único rescatable es que le conté a Estef lo ocurrido, aunque me dijo que tal vez estaban bromeando conmigo. No me concentré casi nada hasta que terminó el entrenamiento, por un momento pensé en lo que dijo Estef, pero debía confirmarlo de alguna manera y ya luego podría estar tranquilo. Fui una vez más en busca de Raúl y Gabo, Estef me acompañó todo el camino, pero al final no los vimos por ningún lado. En ese momento, ella me pidió que vayamos a esperar el bus escolar, pues no había nada en el campo. No obstante, dudé qué podrían hacer y le pregunté para qué usarían los sobres de gelatina. Eso le generó duda y risa, porque me respondió como si fuera lo más obvio del mundo: para comerla como postre, ya que era muy fácil de preparar.
Eso último me lo dijo todo y los estúpidos de Fernando y Ramiro no me dijeron nada. Corrí muy rápido y Estef me siguió de lejos preguntándome a dónde iba, la respuesta era simple: a la piscina. No había duda, el ambiente olía a naranja azucarada y logré ver a ocho chicos del aula de Estef revolviendo la piscina grande con esas redes de los almacenes. Cuando me acerqué, la piscina ya tenía color naranja y les pregunté qué estaban haciendo, Estef llegó justo después de mí y, al acercarse a mi lado, se tapó la boca por la sorpresa. Con cara de satisfacción todos los muchachos dijeron que siguieron mis órdenes y que ya estaba hecho, pero la gelatina no iba a ponerse dura, pues el agua tenía cloro. Esto último era el menor de mis problemas, les pregunté qué más tenían planeado y me dijeron que faltaba poner gaseosa en los aspersores contra incendios. Los detuve a todos, muy molesto les pedí que se acercaran para explicarles todo lo sucedido y les grité, en ese momento no me controlé, creo que Estef también se asustó. Sí noté el arrepentimiento en sus caras y, minutos después de calmarme, me agarró un poco ansiedad y rápidamente les pedí ideas para arreglar todo. Por fortuna, varios pertenecían a la selección del colegio y tenían la llave para el almacén de limpieza, puesto que, como me explicaron, a veces utilizaban la piscina y el personal del colegio no estaba algunos días feriados que ellos iban, por lo que el profesor les dijo que tenían en hacerse cargo.
Les dije que drenaran el agua, sacaran algunos trapeadores o escobas de donde sea y cualquier producto de limpieza. Como si fuera hormigas orquestándose para la guerra, fueron corriendo muy rápido y a la misma velocidad volvieron. El drenado del agua demoró menos de lo pensé. Después de eso, un par de ellos apareció y trajeron escobas de barrer, escobillones; los otros trajeron detergente de ropa (ni idea de dónde), cloro de los almacenes y hasta lavavajillas líquido, muy probablemente de la cafetería. Como se hacía tarde, todos se pusieron su traje de baño y comenzaron limpiar como sea. Les iba a ayudar, pues me estaba quitando mis zapatillas, pero todos me pidieron que no lo haga, pues asumían la responsabilidad. Estaba a punto de hacerles caso, pero igual fui a ayudarlos, pues me sentí mal después de gritarles y principalmente por no asegurarme de que la "broma" no ocurrieran. Estef también quería, pero estaba muy resbaloso y le dije que no entrara a la piscina, al punto de que todos nos caímos cómo mínimo una vez; sin embargo, nos ayudó con la manguera y les disparó agua a todos, menos a mí que aún traía mi ropa de deporte. No negaré que, a pesar de estar en la situación de apuro y miedo por el color naranja de todas partes, nos divertimos con la limpieza.
Justo cuando no quedaban rastros el color naranja, aparecieron un encargado de limpieza y un profesor para, por un lado, preguntarnos por qué habíamos drenado la piscina y, por otro lado, para avisarnos que el bus escolar estaba por salir en poco minutos. Lo primero, lo chicos mintieron mencionando que a la piscina ya le tocaba su limpieza, desde su perspectiva. El señor de limpieza se veía satisfecho y contento, pues ya no tendría que hacer la limpieza y nos agradeció a todos, pero nos pidió irnos por que se hacía tarde. Todos se cambiaron la ropa muy rápido y, cuando escapamos de la vista de esos dos, los muchachos me abrazaron, me agradecieron y se disculparon por las tonterías. Por mi parte también me volví a disculpar con ellos por los gritos, nos fuimos hacia el bus y nos encontramos con las amigas de Estef que nos preguntaron qué tanto estábamos haciendo. En el trayecto conversamos un rato, después los muchachos y yo nos quedamos dormidos a mitad del camino por el cansancio y me golpeé la cabeza contra la ventana, lo que generó que sus amigas se rieran. Estef se preocupó y me sobó la frente, lo que me relajó bastante y volvió a entrar sueño. Cuando bajamos para ir a su casa, me sentía muy cansado, todo el estrés había salido de mi cuerpo y tenía mucho sueño. No obstante, ella me sugirió que comamos algo en una tienda cercana, dado que no había comido bien ese día por los nervios. Un sandwich de pollo y un jugo de caja saber durazno comimos cada uno. Me despertó un poco y después de eso la dejé en su casa.
Todo eso terminó bien, pero el día de ayer surgió el verdadero problema, no al inicio claro. El viernes, después del primer receso, Katty y María me preguntaron si iba a tocar el sábado en tarde con la banda. Se notaba que querían reunirse y ellas eran la enviadas a preguntar. Sentí cierta energía en sus voces que me recordó a cierta reunión, ignoré eso, dado que no estaría Estef, y les dije que sí, pues la banda tocaba la otra semana en la clausura y necesitábamos practicar más. Se alegraron y mandaron el mensaje a los demás, a excepción de Estef, que sí quería ir, pero estaba bastante resfriada y Teresa no iba a permitir que vaya mal y con la posibilidad de que todos nos enfermemos. Me sentí un poco culpable, pues en toda la semana, desde el domingo, ella me estuvo acompañando a varias partes, tal vez se había enfermado por mi culpa... Bueno, una vez planeado el ensayo en mi casa, el día de ayer, una vez que salí de la academia, me dirigí rápidamente a mi casa. Llegué casi a la siete y media y, con solo unos minutos de diferencia, todos llegaron con papitas, gaseosa, galletas, dulces y, como no podía faltar con Fernando y Ramiro, alcohol escondido en las mochilas, ¿de dónde lo sacan? La práctica estuvo bien, Crístofer tiene más confianza y le sale bien cada canción que le dijimos; Akira, siempre sonó bien con su bajo, nada que agregar; Fernando, siempre muy enérgico y con buen ritmo; y, por último, Nicolás y yo estábamos más sincronizados con la guitarras, cada uno entra en su tiempo. Puede decirse que todos estamos más en sintonía, antes estábamos bien, pero ahora estamos muchísimo mejor.
Lo inevitable que debo contar: una vez terminamos de tocar, Teresa conectó su mp3 a la radio y comenzó "verdad o reto" mientras tomábamos y comíamos. No negaré que muchas veces logré escaparme con la excusa de traer un plato, un vaso o lo que fuera de la cocina. El problema fue que las chicas, querían marear un poquito a Akira para sacarle información de nuestra infancia, otra vez lo intentaron. No recuerdo bien, pero a mí también me marearon un poco con cerveza, dado que no me dejaban elegir "verdad", todos querían que haga un reto y generalmente eran asquerosos: como lamer partes sucias de la puerta, por eso preferí la cerveza. Las horas pasaban, bailamos, jugamos más y, aunque parecía que había pasado mucho tiempo, supongo que el alcohol nos alteró la percepción, recién eran las diez de la noche y varios estaban por irse. Mientras conversaba en el sofá, Akira apareció de la nada con su celular en la mano y me lo pasó: "¿Hola, Luis?" - Era su mamá, ¿Qué pasó? ¿ Le dijo que estamos tomando? - La señora continuó: "Hola hijito, disculpa las molestia, pero ni mi esposo, ni yo estamos en casa y vamos a llegar muy tarde, pues hemos tenido una reunión y Kiarita está lejos con ustedes. ¿Crees que Kiara pueda quedarse en tu casa? Ya se ha quedado antes cuando eran chiquitos, ¿podrías hacerme ese favor?" - Por un instante, no supe qué responderle, mis ojos se abrieron de la sorpresa, todos se rieron, porque no sabían qué me decían. Le pregunté si ya lo consultó con mis papás y me dijo que ya los había llamado, por eso me estaba avisando y me pedía de favor que la cuidara. Me agradeció, también le dije lo mismo y nos despedimos.
No negaré que estuve un poco nervioso y el mareo no ayudaba, pero me tranquilicé y recordé que nadie de su familia la vería mareada, pero de todas maneras debía quitarla de ese estado y me fui a la cocina por agua y algo para comer. Akira me siguió un poco triste, me sujetó del antebrazo y me dijo que tenía sueño. Tomó un vaso completo de agua, pues se lo pedí y le dije que vayamos al cuarto de invitados del segundo piso para que pudiera descansar. Mientras subíamos, todos en la sala nos estaban molestando. Me detuve en el descanso de la escalera y le dije que esperara un segundo, pues tenía que hablar con los más cuerdos y sobrios en ese estado de necesidad: Teresa, Katty, Crístofer y Ronald. No Rosalina, ni Mike, ni María, pues, a pesar de mi confianza en ellos, estaban muy mareados también, creo que mezclaron mucho vino y algo más. Les pedí que me ayudaran a despedir a la gente mientras ayudaba a Kiara, pues tenía miedo de que se lastimara. Volví con Akira, me sujetó la mano y en el trayecto a la habitación comenzamos a conversar sobre las clases, sus clases de natación y me preguntó por qué ya no nadaba, aunque era una pregunta rara. Su voz sonaba más aguda de lo normal, me recordó un poco a cuando éramos pequeños. Ya en la habitación, nos sentamos en la cama, miró los alrededores y notó algunos juguetes que habían ahí guardados, se levantó hacia ellos y comenzó a recodar varias cosas que me había olvidado por completo. Me levanté hacia ella y le dije que se acostara para que descansara, pues necesitaba ir con los demás para ayudarles a limpiar.
Sin embargo, antes de poder hacer algo de eso, me abrazó: "No te vayas, no me dejes solita" - Le pedí que se calmara, pues no me iba por mucho tiempo y le expliqué cómo el mareo es lo que la estaba poniendo asustadiza. Pensé que eso la iba a relajar, pero continuó: "No lo entiendes... (comenzó a llorar y me miró sin desviar la mirada) Aún no lo entiendes. Me duele, aunque diga que no, me duele" - Muy inocente por mi mareo, le pregunté si se había golpeado mientras revisaba sus brazos o cara. Siguió en tono triste: "Y sigues sin entender, eres muy estúpido y tarado, y... aún así... eres muy lindo y eso me sigue gustando de ti. (después de dos o tres segundos de silencio y con la voz un poco alta) Aún me gustas, me sigues gustando, me gusta que toquemos juntos en la banda, me gusta que me tomes de la mano y me duele que estés con mi amiga. Me hago la fuerte, pero sigue doliendo... (me quedé congelado por lo que decía) Ese día en la playa, sí te besé a propósito y esperaba que nadie lo viera, pero ya viste cómo se puso Tefy en la fiesta." - No sabía qué decirle, pasaron unos minutos mientras se secaba las lágrimas y la nariz y más calmada le pedí que se eche a descansar.
Lo hizo y justo en ese momento Katty me asustó desde la puerta, ya que salió de la nada y me preguntó cómo estaba Kiara. Le dije que estaba mejor y me comentó que todos ya se habían ido; luego, con expresión de escuchar algo, me preguntó si quería que se quedara un rato para hacernos compañía. Estuve un poco confundido, pero ella misma se adelantó y me dijo que estaría un rato más mirando televisión en el primer piso hasta que su papá venga a recogerla, que cualquier cosa le avisase. Le agradecí y cuando ella bajó las escaleras, Akira volteó más calmada a verme y me pidió que la acompañe echándome a su lado. Le dije que no podía y no pude inventar nada por el mareo. Me insistió mucho hasta que lo hice. Me quedé mirando el techo y, cuando me hablaba, la miraba de reojo, pues no quería nuestras caras estuvieran mirándose desde tan cerca. Luego de ello, me pidió que la abrace hasta que se durmiera, dado que, en sus palabras, no estaba haciendo nada malo, solo consolando a una amiga. Dudé mucho más y, después de todo lo que me dijo, hasta creo que tuve miedo, lo que no tiene sentido o tal vez sí, no estoy seguro. No recuerdo bien si lo hice o no, pero lo más probable es que no. Sin embargo, sí recuerdo que estaba muy cansado y también terminé dormido, imaginando que Akira me despertaba con una ropa provocativa, un cuerpo diferente y de una forma curiosa...
En fin, hoy desperté a las ocho, solo en la habitación, y estuve muy confundido pensando si realmente ocurrió eso de anoche. Sin embargo, cuando bajé a desayunar, mi mamá estaba entre dubitativa, indignada y riéndose, cuando cruzamos miradas me preguntó: "¿Cómo dormiste?" - Le dije que aún estaba cansado y ella continuó: "Anoche, a lo que llegamos, tú y Kiarita estaban durmiendo como cuando eran pequeñitos: tú le dabas la espalda y ella te abrazaba (se rio). No los desperté, porque la escuché llorando entre dormida, así que imagino que la acompañabas, por un momento pensé que engañabas a tu novia." - Escuchar eso de mi mamá me dio a entender que sí pasó y me puse nervioso. Mi mamá agregó: "Está bien que la acompañes, se conocen desde hace mucho, pero tampoco traten de hacerlo seguido, ya son grandes y los pueden malinterpretar... (le di la razón) A parte de eso, cuando le pregunté por qué estaba triste, ella me contó que era por un chico del colegio que la rechazó... Disculpa que lo diga, pero ese chico es muy estúpido. Ella es muy buena chica y muy bonita, ¿Cómo va a rechazarla? ¿Conoces al chico?" - Le dije que no sabía nada, le pregunté dónde estaba y mencionó que mi papá la llevó a su casa, pues, cuando ella se había despertado, le pidió de favor. Después de toda esa información, con vergüenza, dolor de cabeza y nervios, decidí escribir. Intentaré ocultar mejor mi diario por si viene Estef y ahora no sé qué le diré a Akira si nos vemos, ¿la vuelvo a llamar Kiara o le incomodará...?

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